

|
La historia de KH Lloreda se inicia cuando Jaume Lloreda, hijo de una familia de agricultores de Les Franqueses (Barcelona), se traslada a Barcelona para ser joyero. Una profesión sin precedentes en el entorno familiar y que empieza a tomar relieve en una habitación de la masía familiar después de formarse en la Escuela Massana e iniciarse en la Joyería en un taller de Mallorca. En 1949, Jaume Lloreda dio de alta en la Cámara de Comercio a su empresa de recubrimientos metálicos con el nombre de JAIME LLOREDA BUFÍ. Recubrir las soldaduras de joyería fue el primer paso para iniciarse plenamente en los recubrimientos metálicos de todo tipo. Un trabajo del que toda la familia fue partícipe y colaboró compaginando las actividades de joyería con el tiempo que les dejaba las tareas del campo. A finales de los 60, poco quedaba de aquella habitación familiar donde se inició todo el negocio. De forma paralela al desarrollo de las nuevas especialidades, se van invadiendo nuevos espacios de la casa y terrenos adyacentes. Todo este crecimiento no se hubiera logrado si la investigación y la tecnología no se hubieran considerado elementos esenciales. En la década de los setenta, IRM LLOREDA se puede considerar la empresa de recubrimientos galvánicos más moderna e innovadora de España. A mediados de los setenta, la necesidad interna de limpiar las piezas que se envían a los clientes, es la causa de la aparición de los detergentes. Los productos limpiadores que se formulan son tan buenos que se decide comercializarlos independientemente del uso interno en el proceso industrial. Así, IRM Lloreda se convierte en una empresa con dos actividades totalmente independientes. El 5 de febrero de 1965 la nueva actividad se registra como IRM LLOREDA, INDUSTRIA DE RACIONALIZACIÓN DE MATERIAL. Y si en un comienzo son los recubrimientos el eje de la empresa, el tiempo y el mercado convertirán a los detergentes progresivamente en el princiopal motor de la compañía. Los primeros detergentes que salieron de la empresa ya contaban con muchas aplicaciones: para el automóvil, vajillas, ropa. Pero sus primeros clientes fueron el mercado industrial, la hostelería, la restauración y intermediarios, nunca los consumidores finales. Pero fue sin duda la fórmula de KH-7 la que revolucionó definitivamente el rumbo de la organización y aceleró sin duda el éxito que ha vivido en los últimos años. KH-7 es de aquellos pocos productos que gozan de fórmulas que no han podido ser superadas por terceros y que han sobrevivido con éxito las necesidades de la vida moderna. El primer destino de KH-7 fue limpiar las piezas de los clientes de IRM Lloreda que llegaban sucias a nuestras instalaciones. Pero pronto se le encontró nuevas posibilidades: los restaurantes en un primer momento (para limpiar la grasa de las cocinas o las campanas extractoras); después, desde los talleres mecánicos hasta la limpieza de la ropa muy sucia se beneficiaron de la eficacia de KH-7. El éxito de los detergentes en el consumidor final se debe a la labor del equipo comercial, quienes de la nada se habían de ganar la confianza del cliente. Hasta 1985, las ventas se realizaban tienda a tienda. Era un trabajo duro para los vendedores, que debían de convencer a los minoristas de la eficacia del producto. Se dejaba una caja a depósito y al cabo de un tiempo se volvía a la tienda para saber como habían ido las ventas. Se trataba de una venta distinta: por reposición. Un tendero convencido era el mejor argumento que se podía encontrar para la posterior recomendación a los consumidores finales. Así, la estrategia comercial de IRM Lloreda estuvo muy definida desde el principio: se trataba de conocer las necesidades de los clientes, encontrarles La Solución y dejársela probar. El éxito del producto y la brevedad con que lo alcanza es tal, que pronto se toma la decisión de llevarlo al mercado de gran consumo. El 6 de Octubre de 1981, se llena la primera botella de litro de KH-7. A partir de 1985 se empieza la venta a mayoristas y cadenas de supermercados que cada vez concentran más el mercado. El producto ya es suficientemente fuerte para introducirse en la gran distribución y ampliamente conocido para empezar a desarrollar una gama paralela de productos de limpieza en formatos de gran consumo. El cambio definitivo y que ha marcado los años venideros ocurrió en 1994, cuando murió Jaume Lloreda y su hijo Josep Maria se pone al frente de la organización. La principal decisión que se tomó fue la disminucióm progresiva de la actividad de recubrimientos y la dedicación de todos los esfuerzos a los Detergentes. IRM Lloreda volvió a apostar por la tecnología, la investigación y el deseo de encontrar soluciones brillantes para los clientes igual que lo hizo cuando se dedicaba a los recubrimientos. La consolidación conseguida en los últimos años en el mercado español animó a la organización a iniciar sus primeras experiencias internacionales. |
|